Conectamos…
… con Dios, con la Creación, con los Hermanos
Como cada año, queremos compartir el objetivo que dará unidad a nuestra tarea educativa en el curso 2025-26.
Siguiendo los valores destacados en nuestra Propuesta Educativa vamos a profundizar el valor de la apertura a la trascendencia.
Como miembros de una comunidad educativa que vive la espiritualidad franciscana y el carisma de María Ana. Tenemos el compromiso de ayudar a nuestros alumnos y alumnas a descubrir su interioridad, abrirse al misterio y conectar con lo esencial. Queremos que nuestros colegios sigan siendo lugares donde se cultive el silencio, la interioridad, la búsqueda de sentido y la experiencia de Dios como fuente de vida, de conexión y de esperanza. Para ello, concretamos nuestro objetivo como sigue:
“Abrirnos a la trascendencia y a lo esencial, conectando con nosotros mismos, con los demás, con Dios y con la vida.”
¿Qué es la trascendencia?
La condición de la realidad que va más allá de lo físico, tradicionalmente conocida como “espiritual”.
¿Cómo trascendemos?
Cuando cultivamos nuestra parte espiritual en esta vida, a través de la oración, la caridad, la creación y el arte, o cuando damos el salto a la otra dimensión de la realidad a través de la muerte. La condición de posibilidad de esa trascendencia es Dios, garante y contenido de ese universo espiritual. La posibilidad de trascender nos debe colmar de esperanza nuestra vida, y nos permite ver mucho más allá de lo que nos muestran los sentidos, permitiéndonos así, hacer frente y colmar de sentido a las dificultades que se nos presentan en la vida. La Trascendencia se da no sólo en el plano del «ser» sino en el plano del «hacer», es decir dos planos en los que la persona puede ampliar sus horizontes y busca participar de la solidaridad hacia el otro, hacia el hermano necesitado.
Conectamos…
CON DIOS
CON LA CREACIÓN
CON LOS HERMANOS
Es parte de la naturaleza del ser humano, pero al mismo tiempo, va más allá de ella. Se es Trascendente al optar por el bien, la verdad y la virtud; al emplear nuestras vidas en servicio a los demás y al ir más lejos de nuestros intereses. Muchos consideran que la trascendencia se trata de perdurar o de inmortalizarse a través de monumentos, recuerdos y obras, incluso a través del trabajo y de la empresa. Pero hay que tener claro que estas formas de trascendencia con un significado egocéntrico solamente pueden extender la sombra del hombre en la historia, pero en realidad no la trascienden por quedar dentro de los límites del tiempo. En realidad sólo se trata de ser solo un recuerdo en el tiempo, una aporte en el mundo material y humano.
El hombre tiene un destino que va más allá de su vida terrenal, aún cuando su realidad es intramundana. No sólo es un ser en el mundo sino que además está proyectado al más allá. Somo trascendentes por ser personas; porque somos conscientes, responsables, libres. Porque nos conectamos con los demás y con Dios. Somos trascendentes por ser espirituales, porque nuestro espíritu es inmortal. La muerte acaba con la persona humana pero no con su espíritu. Su destino es la comunión con Dios. Es trascendente el que ama porque la naturaleza del amor es espiritual.
Fortaleciendo la Familia, edificando un lugar de respeto, paz, trabajo y armonía siendo testimonio de fe para los hijos.
La trascendencia también se vive al superar la tendencia egoísta de pensar solo en uno mismo y abrirse a la ayuda y al servicio de los demás.
Es una invitación a establecer metas y proyectos que nos hagan mejores, reconociendo que la vida no está limitada por el presente o por las circunstancias que nos rodean.
Se manifiesta en la capacidad de dar testimonio de la fe en el mundo, incluso no solo a través de gestos interiores y silenciosos, sino en vivir una vida en comunidad con una mirada atenta a nuestros hermanos mas necesitados según la voluntad de Dios.
